Buerba más alejada, estaba casi vacia, con abuelos que tardaron en perder la confianza y acercarse a nosotros, luego pegamos la hebra, como siempre.
No había ninguna edificación nueva, ninguna reforma. Las puertas y ventanas con los azuletes protegiendo a sus habitantes de las brujas y el mal de ojo –todavía siguen ahí-, el olmo de la plaza recogiéndonos bajo su sombra. Pequeñas ventanas y corredores interiores para proteger del frío y del exterior.
Las chimeneas, unos de los mejores conjuntos de Aragón, sobre el cierre de losa plano
se habían colocado los pucheros viejos y remendados del alfarero de Naval, pero lo
más sorprende eran las eras.
Las eras de Buerba constituía un bello conjunto de edificaciones, armonioso y ordenado. Cara al sol, con una techumbre prolongada que protegía de las lluvias. Lo mejor del conjunto –todavía queda alguna en pie- era la zona de la trilla,
Redondeada y protegida por un muro de medio metro y el aspecto más alucinante:
son redondas y el suelo es de losa, limpias y lisas (ahora las hierbas cubren casi todas ellas)
Magnífica idea para evitar que los animales se fueran al campo durante la trilla, supongo que los niños girarían y girarían, con en un tiovivo, sentados sobre una banqueta y arreando a los mulos hasta terminar con las espigas desgranadas. Girando y girando hasta que el sol hacía horas que había abandonado el horizonte, el cielo se iba llenando de estrellas y a pesar del cansancio, se podía saborear el frescor de la noche después de un día de agosto tan pesado y caluroso. Aquí el cielo puede caer sobre nuestras cabezas.
Son esos sitios tan perfecto que tu imaginación vuela y vuela ….
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