domingo, 18 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
FIESTAS DEL PILAR : OFRENDA DE FLORES
He disfrutado de lo lindo: los mantones, el color, los moños, la gente, el olor de
las flores, los vestidos, etc., un día estupendo. El aire molestaba un poquito, pero la gente estaba dispuesta a dejarse fotografiar.
domingo, 11 de octubre de 2009
PEPE CERDA
PEPE CERDA estará en la Lonja de Zaragoza hasta el 22 de Noviembre :
"EL OFICIO DE PINTOR"
Nos cuenta en el vídeo ó en los carteles informativos que se dedica al oficio de pintor desde muy joven, porque es lo que mejor que sabe hacer. La exposición es sobre sí mismo, se ha permitido el placer de exponer su intimidad públicamente y eso no se puede juzgar (por lo menos desde fuera). Sólo te puede gustar o no y a mi me gusta.
El título, "el oficio de pintor", delata ya de antemano bastante sobre el asunto que nos ocupa. ¿Dónde estan los artistas? ¿Dónde se ocultan los genios?
Bueno, me gustan los atardeceres, las torres de alta tensión, los paisajes descarnados de villamayor, las luces difusas de la noche. Magníficos los cuadros de formatos pequeños, me parece la mejor de la exposición.
... Me recordaba a E. Hopper (sin amargura, sin dolor, tal vez porque las pinturas cada vez se hacen más planas) ... y he pensado que tal vez estaba un poco triste.
(en estos tiempos no se puede estar triste, es de idiotas; pero que le vamos a hacer
para mí existe la tristeza y está ahí, tan presencial como los cuadros)
Espero que la exposición de sentido a vuestras tardes de otoño, las dará a las mías
sábado, 10 de octubre de 2009
FIESTAS DEL PILAR
Lo más interesantes para mí : EN LA LONJA PEPE CERDÁ, que los periódicos titulan : Pepe Cerdá expone en la Lonja pintura "para todos los públicos" (¿?)
jueves, 8 de octubre de 2009
lunes, 28 de septiembre de 2009
EXPOSICIONES : VERMEER X MUÑOZ MOLINA -METROPOLITAM DE NUEVA YORK-
Artículo publicado en el diario "El País", por Muñoz Molina.
Vermeer es uno de mis pintores favoritos y M. Molina, a veces, piensa igual que yo, o yo igual que él ¿?. No veré la exposición (esta un poco lejos y son los fondos de la exposición de Madrid), pero progamaré un viaje a La Haya, para ver el paisaje de Delft, uno de los cuadros que más me han sorprendido en mi vida.

"En un cuadro de Vermeer hay sólo una o dos figuras y unas pocas cosas en una habitación y sin embargo no se termina de ver nunca. La luz que entra por una ventana situada a la izquierda viene filtrada por gruesos cristales y es casi siempre una luz de invierno o de patio, que roza delicadamente las caras, los tejidos, los objetos, y favorece sombras suaves, como halos de presencias fantasmas. No sucede nada o casi nada en apariencia y hay algo escondido que está sucediendo siempre, delante de los ojos que miran, que descubren más cosas cuanto más atentamente recorren el cuadro, mientras la conciencia deja en suspenso los propios pensamientos y la agitación de alrededor y poco a poco se queda apaciguada en una quietud muy semejante a la que representa la pintura. El cuadro, como una música, sucede en el tiempo. El silencio de la habitación interior se traspasa a la sala del museo. La luz nublada atraviesa la ventana con la monotonía de una mañana de invierno, reflejándose en una pared de yeso desnuda, pero uno de los cristales está roto, y en consecuencia un pequeño tramo del marco está más vivamente iluminado. Pero no es luz lo que fluye, aunque lo parezca: es una diminuta pincelada rosa, y haberla advertido es una satisfacción tan íntima como la de fijarse en el clavo de la pared y después en el agujero de un clavo arrancado. Al fin y al cabo, esta pared no es la de uno de esos gabinetes en los que las damas de Vermeer leen cartas o permanecen pensativas o escuchan una música o el relato de un viajero, sino la de una cocina, una cocina más bien destartalada en la que debe de hacer frío, y en la que una sirvienta de brazos fuertes y enrojecidos por el agua helada de los fregaderos está vertiendo poco a poco la leche de una jarra en un cuenco, sobre una mesa en la que hay un cesto de mimbre y panes de corteza rubia y crujiente, y una jarra de cerámica azul marino que probablemente contiene cerveza.
En el laberinto formidable del Metropolitan, un pequeño cuadro de cuarenta centímetros de lado borra todo lo demás
En el laberinto formidable del Metropolitan, un pequeño cuadro de cuarenta centímetros de lado borra esta mañana de septiembre todo lo demás: tesoros de milenios, templos egipcios enteros, ríos de turistas, hectáreas de pintura alegórica. Delante de esta mujer de Vermeer que mira ensimismada cómo el hilo de leche se desborda de la jarra y cae lentamente en el cuenco uno sabe que toda urgencia ha desaparecido, que al menos hoy no va a sentir la impaciencia de ver o hacer más cosas. Desde lejos deslumbra por encima de todo un azul que ninguna reproducción puede trasmitir fielmente, con una vibración de mineral y de ascua, hecho con lapislázuli molido. El blanco de la leche deslizándose sobre el pico rojizo de la jarra es el mismo que el del tocado sobre la cabeza de la criada, que tiene una textura tan áspera como su ropa de trabajo invernal, y está disuelto en los grises de la pared y en los cristales de la ventana. Incluso en una escala tan pequeña, la figura humana y las cosas humildes que la rodean tienen una cualidad escultórica, el misterio de una liturgia, la dignidad de un trabajo manual que se hace en la parte menos noble de la casa y sin embargo requiere destreza y concentración absolutas. La cocinera está probablemente preparando una especie de pudding; en el cuenco hay ya huevos batidos, y después de añadir la cantidad adecuada de leche y tal vez la cerveza de la jarra azul se pondrán en remojo los trozos de pan, y el cuenco, con una tapadera también de barro, se dejará en el horno durante varias horas. La caja que hay en el suelo es un brasero de pies: fijándose más se ve un recipiente de barro en el que hay unas ascuas, lo cual refuerza la sensación del invierno, de un frío acentuado por la humedad que oscurece la pared debajo de la ventana. Un cesto de mimbre cuelga de la pared, muy alto, porque se guardarán en él alimentos fuera del alcance de los ratones; junto a él, una vasija de cobre refleja la luz con un brillo metálico y proyecta una sombra débil sobre la superficie no muy limpia del yeso. Ajena a todo y ensimismada en su tarea, la cocinera tiene una expresión casi risueña, de labios entreabiertos y ojos entornados, complacida en lo que ven sus ojos y lo que tocan sus manos, el asa de barro cocido que sostiene la derecha y la panza que se apoya en la palma abierta de la izquierda.
El éxtasis de la mirada sobre las cosas concretas tiene una parte de misticismo y de poesía y otra de adelanto científico. Es probable que Vermeer conociera la invención enigmática de la cámara oscura, que permitía proyectar las imágenes de la realidad sobre un plano luminoso, ofreciendo un grado alucinante de detallismo. Pero sus habitaciones, pobladas de objetos tangibles que se repiten de unos cuadros a otros, son espacios ideales y no lugares cotidianos, y las damas elegantes que aparecen en ellas no tienen nada que ver con la vida del propio Vermeer, un artesano de éxito moderado que cayó en la ruina un poco antes de morir, a la edad temprana de 43 años. En las casas de la pintura de Vermeer intuimos un recogimiento entre contemplativo y sensual, habitado por voces que cuentan cosas en voz baja, por ecos de pasos sobre tarimas muy pulidas y tal vez ráfagas de música que vienen tras una puerta entornada, mezclándose con un tintineo sutil de copas de cristal. Pero la casa en la que él vivía y pintaba era de dimensiones mucho más mezquinas, y aunque cerrara la puerta de su taller no dejaría de escuchar el estrépito de sus 11 hijos, las voces de su mujer, que pasó embarazada la mayor parte de su vida adulta, el trajín de las criadas.
En la misma calle, en una casa cercana, alguien más se dedicaba al extraño oficio de mirar las cosas habituales como nadie las había mirado nunca antes. A unos pasos de Vermeer vivía Antonie van Leeuwenhoek, fabricante de microscopios y quizás también de cámaras oscuras, a quien se deben algunas de las primeras descripciones detalladas de los seres invisibles que pululan en una gota de agua o de saliva, en los restos de comida que quedan entre los dientes. Vermeer observa una corteza de pan o la superficie de la pared de una cocina y está viendo y mostrándonos mundos tan asombrosos como los que había descubierto Galileo cincuenta años atrás al mirar por su telescopio. Quizás Van Leeuwenhoek, que tenía una edad parecida a la suya y fue su albacea testamentario, le hizo observar las cosas ínfimas agigantadas por la lente del microscopio. No había nada que mirado atentamente no fuera memorable. Pintar era una tarea tan material, tan sagrada, como verter leche en un cuenco y preparar un alimento sabroso. Pintar era apresar ese instante fugitivo que parece inmóvil y sigue sucediendo todavía".
Vermeer's Masterpiece The Milkmaid. Hasta el 29 de noviembre. Metropolitan Museum de Nueva York. www.metmuseum.org/
Vermeer es uno de mis pintores favoritos y M. Molina, a veces, piensa igual que yo, o yo igual que él ¿?. No veré la exposición (esta un poco lejos y son los fondos de la exposición de Madrid), pero progamaré un viaje a La Haya, para ver el paisaje de Delft, uno de los cuadros que más me han sorprendido en mi vida.

"En un cuadro de Vermeer hay sólo una o dos figuras y unas pocas cosas en una habitación y sin embargo no se termina de ver nunca. La luz que entra por una ventana situada a la izquierda viene filtrada por gruesos cristales y es casi siempre una luz de invierno o de patio, que roza delicadamente las caras, los tejidos, los objetos, y favorece sombras suaves, como halos de presencias fantasmas. No sucede nada o casi nada en apariencia y hay algo escondido que está sucediendo siempre, delante de los ojos que miran, que descubren más cosas cuanto más atentamente recorren el cuadro, mientras la conciencia deja en suspenso los propios pensamientos y la agitación de alrededor y poco a poco se queda apaciguada en una quietud muy semejante a la que representa la pintura. El cuadro, como una música, sucede en el tiempo. El silencio de la habitación interior se traspasa a la sala del museo. La luz nublada atraviesa la ventana con la monotonía de una mañana de invierno, reflejándose en una pared de yeso desnuda, pero uno de los cristales está roto, y en consecuencia un pequeño tramo del marco está más vivamente iluminado. Pero no es luz lo que fluye, aunque lo parezca: es una diminuta pincelada rosa, y haberla advertido es una satisfacción tan íntima como la de fijarse en el clavo de la pared y después en el agujero de un clavo arrancado. Al fin y al cabo, esta pared no es la de uno de esos gabinetes en los que las damas de Vermeer leen cartas o permanecen pensativas o escuchan una música o el relato de un viajero, sino la de una cocina, una cocina más bien destartalada en la que debe de hacer frío, y en la que una sirvienta de brazos fuertes y enrojecidos por el agua helada de los fregaderos está vertiendo poco a poco la leche de una jarra en un cuenco, sobre una mesa en la que hay un cesto de mimbre y panes de corteza rubia y crujiente, y una jarra de cerámica azul marino que probablemente contiene cerveza.
En el laberinto formidable del Metropolitan, un pequeño cuadro de cuarenta centímetros de lado borra todo lo demás
En el laberinto formidable del Metropolitan, un pequeño cuadro de cuarenta centímetros de lado borra esta mañana de septiembre todo lo demás: tesoros de milenios, templos egipcios enteros, ríos de turistas, hectáreas de pintura alegórica. Delante de esta mujer de Vermeer que mira ensimismada cómo el hilo de leche se desborda de la jarra y cae lentamente en el cuenco uno sabe que toda urgencia ha desaparecido, que al menos hoy no va a sentir la impaciencia de ver o hacer más cosas. Desde lejos deslumbra por encima de todo un azul que ninguna reproducción puede trasmitir fielmente, con una vibración de mineral y de ascua, hecho con lapislázuli molido. El blanco de la leche deslizándose sobre el pico rojizo de la jarra es el mismo que el del tocado sobre la cabeza de la criada, que tiene una textura tan áspera como su ropa de trabajo invernal, y está disuelto en los grises de la pared y en los cristales de la ventana. Incluso en una escala tan pequeña, la figura humana y las cosas humildes que la rodean tienen una cualidad escultórica, el misterio de una liturgia, la dignidad de un trabajo manual que se hace en la parte menos noble de la casa y sin embargo requiere destreza y concentración absolutas. La cocinera está probablemente preparando una especie de pudding; en el cuenco hay ya huevos batidos, y después de añadir la cantidad adecuada de leche y tal vez la cerveza de la jarra azul se pondrán en remojo los trozos de pan, y el cuenco, con una tapadera también de barro, se dejará en el horno durante varias horas. La caja que hay en el suelo es un brasero de pies: fijándose más se ve un recipiente de barro en el que hay unas ascuas, lo cual refuerza la sensación del invierno, de un frío acentuado por la humedad que oscurece la pared debajo de la ventana. Un cesto de mimbre cuelga de la pared, muy alto, porque se guardarán en él alimentos fuera del alcance de los ratones; junto a él, una vasija de cobre refleja la luz con un brillo metálico y proyecta una sombra débil sobre la superficie no muy limpia del yeso. Ajena a todo y ensimismada en su tarea, la cocinera tiene una expresión casi risueña, de labios entreabiertos y ojos entornados, complacida en lo que ven sus ojos y lo que tocan sus manos, el asa de barro cocido que sostiene la derecha y la panza que se apoya en la palma abierta de la izquierda.
El éxtasis de la mirada sobre las cosas concretas tiene una parte de misticismo y de poesía y otra de adelanto científico. Es probable que Vermeer conociera la invención enigmática de la cámara oscura, que permitía proyectar las imágenes de la realidad sobre un plano luminoso, ofreciendo un grado alucinante de detallismo. Pero sus habitaciones, pobladas de objetos tangibles que se repiten de unos cuadros a otros, son espacios ideales y no lugares cotidianos, y las damas elegantes que aparecen en ellas no tienen nada que ver con la vida del propio Vermeer, un artesano de éxito moderado que cayó en la ruina un poco antes de morir, a la edad temprana de 43 años. En las casas de la pintura de Vermeer intuimos un recogimiento entre contemplativo y sensual, habitado por voces que cuentan cosas en voz baja, por ecos de pasos sobre tarimas muy pulidas y tal vez ráfagas de música que vienen tras una puerta entornada, mezclándose con un tintineo sutil de copas de cristal. Pero la casa en la que él vivía y pintaba era de dimensiones mucho más mezquinas, y aunque cerrara la puerta de su taller no dejaría de escuchar el estrépito de sus 11 hijos, las voces de su mujer, que pasó embarazada la mayor parte de su vida adulta, el trajín de las criadas.
En la misma calle, en una casa cercana, alguien más se dedicaba al extraño oficio de mirar las cosas habituales como nadie las había mirado nunca antes. A unos pasos de Vermeer vivía Antonie van Leeuwenhoek, fabricante de microscopios y quizás también de cámaras oscuras, a quien se deben algunas de las primeras descripciones detalladas de los seres invisibles que pululan en una gota de agua o de saliva, en los restos de comida que quedan entre los dientes. Vermeer observa una corteza de pan o la superficie de la pared de una cocina y está viendo y mostrándonos mundos tan asombrosos como los que había descubierto Galileo cincuenta años atrás al mirar por su telescopio. Quizás Van Leeuwenhoek, que tenía una edad parecida a la suya y fue su albacea testamentario, le hizo observar las cosas ínfimas agigantadas por la lente del microscopio. No había nada que mirado atentamente no fuera memorable. Pintar era una tarea tan material, tan sagrada, como verter leche en un cuenco y preparar un alimento sabroso. Pintar era apresar ese instante fugitivo que parece inmóvil y sigue sucediendo todavía".
Vermeer's Masterpiece The Milkmaid. Hasta el 29 de noviembre. Metropolitan Museum de Nueva York. www.metmuseum.org/
domingo, 27 de septiembre de 2009
EXPOSICIONES : MADRID : LISETTE MODEL y ÓSCAR NIEMEYER
"Lisette Model". Madrid, hasta el 10/01/09
INSTITUTO DE CULTURA FUNDACIÓN MAPFRE (Sala Azca)
Av. General Perón, 40 portal D 1ª planta Madrid (España)
"Óscar Niemeyer". Madrid, hasta el 22/11/09
FUNDACIÓN TELEFÓNICA
C/ Fuencarral, 3 Madrid (España)
Piezas inéditas del arte Ife en la antigua Nigeria se exponen en Madrid
La Real Academia de San Fernando inaugurará el próximo día 18 "Dinastía y divinidad"
INSTITUTO DE CULTURA FUNDACIÓN MAPFRE (Sala Azca)
Av. General Perón, 40 portal D 1ª planta Madrid (España)
"Óscar Niemeyer". Madrid, hasta el 22/11/09
FUNDACIÓN TELEFÓNICA
C/ Fuencarral, 3 Madrid (España)
Piezas inéditas del arte Ife en la antigua Nigeria se exponen en Madrid
La Real Academia de San Fernando inaugurará el próximo día 18 "Dinastía y divinidad"
martes, 22 de septiembre de 2009
CAMINO PORTUGUÉS
Por fin, ahora que me duele menos el pie, comentaré un poquito el camino. Los aspectos muy negativos:
- Asfalto a mansalva : en las dos primera etapas, sobre todo la entrada y cruce por el polígono industrial de Porriño son para acabar con cualquier pie, y luego se paga, sobre todo si hace calor.
- Cruces : de carreteras, de caminos, de señales, etc..Esperas un paisaje maravilloso, y en realidad vas paralelo a la carretera nacional hacia Santiago de Compostela. Si pero no. Es una zona muy poblada y deteriorada, pero quedan rincones.
Positivos (hay fotos adjuntas de todo esto):
- Playa de Cesantes, las vistas de la Isla de San Simón y esta etapa el camino se dulcifica.El puente de Sampaio se puede apreciar en las fotos.
- Los cruceros que acompañan el camino, es el patrimonio más interesante, diversidad de formas, temas, épocas. Mi preferido: el que acompaña a Valle Inclán en su casa de Pontevedra. La serpiente de Adan y Eva se asemeja más a un tritón, debería ser habitual en las aguas de sus ríos.
- El casco urbano de Pontevedra. La portada renacentista de su Basílica, el Retablo mayor de la misma y como no, la Peregrina (por la que sienten adoración.Me trataron muy bien en urgencias.
- Caldas y el río Umia (Estupendo el Hotel O Crucerio)¿Dónde están los ríos y las fuentes de Rosalía?. El río Umia al atardecer esta maravilloso (esta muy organizada la red de caminos señalizados)
- Padrón y la casa museo de Rosalía de Castro, por la que siento adoración (Me consolaron en el ambulatorio de la localidad y me salvaron de una infección anunciada, gracias al antibiótico). Las campanas de Bastabales ya no se oyen en la distancia( y yo recordaba otro viaje donde todas las tardes acudíamos a cenar bajo el atrio de su iglesia para escuchar las campanas)
Dejo Santiago de Compostela para otro ratito ...
- Asfalto a mansalva : en las dos primera etapas, sobre todo la entrada y cruce por el polígono industrial de Porriño son para acabar con cualquier pie, y luego se paga, sobre todo si hace calor.
- Cruces : de carreteras, de caminos, de señales, etc..Esperas un paisaje maravilloso, y en realidad vas paralelo a la carretera nacional hacia Santiago de Compostela. Si pero no. Es una zona muy poblada y deteriorada, pero quedan rincones.
Positivos (hay fotos adjuntas de todo esto):
- Playa de Cesantes, las vistas de la Isla de San Simón y esta etapa el camino se dulcifica.El puente de Sampaio se puede apreciar en las fotos.
- Los cruceros que acompañan el camino, es el patrimonio más interesante, diversidad de formas, temas, épocas. Mi preferido: el que acompaña a Valle Inclán en su casa de Pontevedra. La serpiente de Adan y Eva se asemeja más a un tritón, debería ser habitual en las aguas de sus ríos.
- El casco urbano de Pontevedra. La portada renacentista de su Basílica, el Retablo mayor de la misma y como no, la Peregrina (por la que sienten adoración.Me trataron muy bien en urgencias.
- Caldas y el río Umia (Estupendo el Hotel O Crucerio)¿Dónde están los ríos y las fuentes de Rosalía?. El río Umia al atardecer esta maravilloso (esta muy organizada la red de caminos señalizados)
- Padrón y la casa museo de Rosalía de Castro, por la que siento adoración (Me consolaron en el ambulatorio de la localidad y me salvaron de una infección anunciada, gracias al antibiótico). Las campanas de Bastabales ya no se oyen en la distancia( y yo recordaba otro viaje donde todas las tardes acudíamos a cenar bajo el atrio de su iglesia para escuchar las campanas)
Dejo Santiago de Compostela para otro ratito ...
viernes, 18 de septiembre de 2009
LIBRO DE VIAJE : ÉLMER MENDOZA/BALAS DE PLATA
.... BALAS DE PLATA ....
Gracias a ELMER MENDOZA y sus balas de plata el camino hasta Santiago de Compostela
se ha hecho transitable,
lectura más que recomendada para los visitantes de México y aledaños
o para los que tengas interés en literatura
Gracias a ELMER MENDOZA y sus balas de plata el camino hasta Santiago de Compostela
se ha hecho transitable,
lectura más que recomendada para los visitantes de México y aledaños
o para los que tengas interés en literatura
CAMINO PORTUGUÉS : TUI - SANTIAGO DE COMPOSTELA
Bueno, he decidido que no voy a comentar nada de este camino,
todo ha ido con mal pie,
he redactado la página como tres o cuatro veces y siempre se acaba por borrar ...
mi dedo del pie parece la mano de "ete",
no he podido ver el Pórtico de la Gloria ...
....no
.. no
. no
... en otro momento comentaré las cosas buenas.
todo ha ido con mal pie,
he redactado la página como tres o cuatro veces y siempre se acaba por borrar ...
mi dedo del pie parece la mano de "ete",
no he podido ver el Pórtico de la Gloria ...
....no
.. no
. no
... en otro momento comentaré las cosas buenas.
lunes, 7 de septiembre de 2009
JOHN KEATS x RAFAEL LOBARTE
domingo, 6 de septiembre de 2009
COIXET Y EL ULTIMO TANGO EN PARIS

... Bueno me paso la vida en el campo, pero por fin vuelvo a la ciudad,
he ido al cine y he visto la película de COIXET "el mapa de los sonidos de Tokio".
No me ha vuelto loca, he pasado un buen rato.Tampoco comprendo las críticas tan feroces. El cine estaba a medias y han aplaudido al final y desde luego me ha recordado otra :
EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS (BERNARDO BERTOLUCCI)
Yo todavía recuerdo el día que vi la película, con una amiga en sesión de última hora. La vimos cuando se presentó en España, todo el mundo la había visto en Francia. Nosotras no, no podíamos permitirnos ese lujo. Yo creo que todavía vivía Franco, se hablaba de la inseguridad de la noche, de cerrar los bares antes, al final de la sesión paseamos hasta casa por unas calles solitarias, mojadas de lluvia, ¡¡muy felices !! . Nunca he podido olvidar aquella noche : estábamos encantadas, extasiadas, maravilladas, había otros mundos además del nuestro y Bernardo Bertolucci pasó a ser un dios.
Ahora revisando fotogramas, Marlon Brando me parece guapíssimo, en pleno esplendor, esa sensualidad (¿puede ser un vino sensual?) que presentan a veces los jovencitos y la pierden enseguida, en él, seguía siendo especial a pesar de sus cuarenta y cinco años. Aquí todo es creible.
(es evidente : hay que elegir bien a los actores)
jueves, 3 de septiembre de 2009
VIAJES PARA EL OTOÑO : SALLENT DE GALLEGO
Sallent de Gállego, con Peña foratata al fondo, es una sitio encantador, invita al descanso y la reflexión.
Dentro de poco se transformará, el verde se apagará y los arboles
se vestirán con colores : rojos, amarillos, pajas, ocres, etc.
lunes, 31 de agosto de 2009
NORMAN FOSTER MADRID
Exposición de Norman Foster en Madrid : HASTA EL 19 DE SEPTIEMBRE
Bajo el título Arte y Arquitectura: Norman Foster, Ivorypress Art+Books presentará un conjunto de más de cien dibujos, cuadernos de notas y maquetas del trabajo más personal del estudio
La editorial Ivory Press, fundada por Elena Ochoa Foster, en 1996 inauguró su nuevo Ivorypress Art+Book, en Madrid este mismo año, en el mes de mayo. Se trata de un espacio multidisciplinar, diseñado por el propio Norman Foster, donde se busca relacionar el arte con la cultura y los libros
Bajo el título Arte y Arquitectura: Norman Foster, Ivorypress Art+Books presentará un conjunto de más de cien dibujos, cuadernos de notas y maquetas del trabajo más personal del estudio
La editorial Ivory Press, fundada por Elena Ochoa Foster, en 1996 inauguró su nuevo Ivorypress Art+Book, en Madrid este mismo año, en el mes de mayo. Se trata de un espacio multidisciplinar, diseñado por el propio Norman Foster, donde se busca relacionar el arte con la cultura y los libros
jueves, 20 de agosto de 2009
domingo, 16 de agosto de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
GAVARNIE POR LOURDES

Como el otro día contaba, mi interés por el pirineo francés, más concretamente por Lourdes, se remonta a la infancia. En la casa de mis abuelos había montones de postales en blanco y negro, se apreciaba una iglesia con unas torres enormes y muy puntiagudas. También había gente desfilando por enormes praderas, formando cuadrículas; y otras muy diferentes de montañas nevadas. Todo era desproporcionado para mi medio de vida, y yo las veía una vez y otra, manoseando y preguntando. Aquello era Francia, mejor dicho los pirineos y un santuario que se llamaba Lourdes.
Mis abuelos habían acudido hasta allí en un aniversario, desde la castilla profunda de Machado a Lourdes, por San Sebastián y luego recorriendo toda la cordillera hasta el Santuario. Ahora es algo sencillo, pero por los años cincuenta debía de ser toda una aventura que no olvidaron jamás, ni ellos ni los familiares cercanos.
Siempre he entrado en Lourdes con ciertos reparos que no he vencido hasta ahora. Mi infancia está llena de historias sobre los pastorcillos, las vírgenes aparecidas y la tonta del bote que se quedaba extasiada(Fátima y Lourdes), en el medio rural en el que me desenvolvía parecía que iba ha aparecer la virgen en cualquier carrasca, allí en medio del monte. Era lenguaje coloquial.
Bueno a ello le debo el conocer Gavarnie, Cauterest, Tromouse, los lagos de Gava, Estaing, etc. Tengo tantos recuerdos, tantas idas y venidas, tantas anécdotas, y sobre todo las sensaciones y emociones de lo perdurable.
Y a veces, me queda el rescoldo de la tristeza: este pirineo(del sur) ha cambiado tanto y el otro sigue inmutable, y cada vez que paso la frontera la envidia me corroe un poquito (a mí que tardé varios años en quererlos¡¡¡).
Etiquetas:
AViajes,
Fotografía,
Memoria,
Pirineo Francés,
Viaje al Pasado
martes, 4 de agosto de 2009
VERANO
Estamos de vacaciones, caminando poco a poco, buscando mariposas, orquídeas, flores silvestres, etc.
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