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lunes, 20 de octubre de 2008

LECTURAS DE VIAJE : JOSE MARIA EÇA DE QUEIROS

Se acaba de publicar "La correspondencia de Fradique Mendes". Escritor portugués, de la talla de Flaubert, vivío durante la segunda midad del siglo XIX, viajó por todo el mundo a pesar de
las distancias de los tiempos y de su tuberculosis que acabó por matarlo en el París de 1900. Es uno de mis preferidos. La mejor : Los maias; además : la reliquia, la carretera de sintra, etc. Inicié mis lecturas en libros gastados, de viejo, comprados en los rastros de madrid, ediciones de los años treinta. Nunca ha sido bien divulgado en España, hace unos quince años se volvió a publicar su literatura amparado quizás por el Premio Nobel Portugués que amplió las miras de los editores. Siempre de espaldas a nuestro país vecino, nadie recuerda que están ahí.
Más información de Letras Libres, por Jorge Edwads "Eça de Queiroz y nosotros" :
El novelista portugués Eça de Queiroz, como luego Fernando Pessoa, fue, entre otras muchas cosas, un inventor de heterónimos y fantasmas literarios. Jorge Edwards rastrea el origen de Fradique Mendes, el personaje-escritor creado por Queiroz y sigue su influencia literaria en el novelista chileno Joaquín Edwards Bello gracias a un feliz hallazgo bibliográfico, la desconocida obra Don Juan Lusitano.
La literatura narrativa moderna, desde el Quijote hasta la obra de Proust, desde Proust hasta Borges y hasta más acá, está llena de personajes ficticios que son hombres de letras, escritores o escribidores. Don Quijote es conducido hasta la Cueva de Altamira, poco después de asistir a las bodas de Camacho, por un letrado, un personaje cuya profesión era "ser humanista", según declaración propia, y que había escrito por lo menos tres libros: el de las libreas, donde se pintan setecientas y tres libreas "con sus colores, motes y cifras"; otro, imitación de Ovidio, Metamorfoseos, y un tercero al que llamaba Suplemento a Virgilio Polidoro. Hay escritores absurdos, como este pintor de libreas, como el Pierre Menard o el Carlos Argentino Daneri de Borges, y otros menos absurdos, más cercanos a modelos literarios reales, como el Bergotte de Marcel Proust. La creación de heterónimos, sin embargo, va más allá de la simple invención de un hombre de letras. El heterónimo es un alter ego, la propuesta siempre irónica de un doble. Es, además, un doble diferente, no calcado de uno mismo, y posee una escritura propia y que es parte esencial del invento. Cada uno de los heterónimos de Fernando Pessoa, para citar el ejemplo más conocido, tiene un estilo personal acusado —neoclásico, whitmaniano, etcétera— que lo separa de los demás. Podemos reconocer a los heterónimos y a Pessoa "él mismo" a partir de un rápido análisis de la escritura. Por algún motivo que no es fácil explicar, la literatura portuguesa ha sido especialista en crear estos curiosos fantasmas literarios. Ya sabemos que Pessoa inventó muchos y que José Saramago escribió una novela, El año de la muerte de Ricardo Reis, basada en episodios del final de la vida de uno de ellos. Pero la afición a estas figuras venía de bastante más atrás. Eça de Queiroz inventó y le dio voz, primero poética y después epistolar, a Carlos Fradique Mendes, un heterónimo que alcanzó una curiosa influencia y que llegó a tener presencia, como ya se verá, hasta en la literatura chilena. No soy especialista en literatura de Portugal y ni siquiera en la obra de Eça de Queiroz. Sólo aspiro aquí a transmitir algunas impresiones de lectura y a señalar el caso del Don Juan Lusitano, un texto más bien desconocido de Joaquín Edwards Bello, publicado por la editorial Nascimento en 1934 (empresa editorial de un portugués de las Islas Azores avecindado en Chile, precisamente) y que lleva el siguiente subtítulo: "Ejercicios portugueses dedicados a los lectores de Eça de Queiroz". Al parecer, la primera idea de Fradique Mendes data de 1868, de los 23 años de Eça de Queiroz, y no es enteramente seguro que haya sido una creación exclusiva suya o un invento conjunto y en el que también participaron el poeta Antero de Quental y el escritor y periodista Jaime Batalha Reis. En 1869 se publicaron poemas del poeta ficticio en el folleto Revolución de Septiembre. Eran estrofas elaboradas con cierta dificultad por Eça, quien se definiría algún tiempo más tarde como prosista y novelista, y uno de los poemas llevaba un título significativo: "Serenata de Satanás a las estrellas". En la edición definitiva de La correspondencia de Fradique Mendes, que comenzó a publicarse por entregas en 1888, pero que salió en forma de libro en 1900, después de la muerte del novelista, hay un retrato literario y humano del personaje, más que una biografía formal. Es un intento de explicar su actitud estética y sus antecedentes en la literatura del siglo XIX, intento que supone una crítica, una revisión y hasta cierto punto una declaración de principios. A través de Fradique, Eça se desmarcaba de la tradición romántica y trataba de insertarse en la "modernidad" de su época. El invento de Fradique Mendes, cultivado por Eça de Queiroz a lo largo de toda su vida, fue un acto de rebeldía, una provocación primero que todo literaria, pero llena de alcances éticos y políticos, y tuvo repercusiones fuera del ámbito estricto de la lengua portuguesa, como lo demuestra su eco en la obra chilena de Edwards Bello. Sería necesario estudiar la repercusión de Eça y de Fradique Mendes en otros escritores del mundo hispanoamericano, entre ellos Pío Baroja y Ramón del Valle Inclán. Se podría sostener, quizás, que el movimiento romántico en las lenguas portuguesa y española, de carácter débil, lacrimoso, inconsistente, tanto en la Península como en América, fue derribado, pulverizado, reemplazado por nociones más modernas, en diferentes momentos: en el de Eça de Queiroz y Fradique Mendes; en el del brasileño Machado de Assis al iniciar su segunda etapa, la de las Memorias póstumas de Bras Cubas; en el de Rubén Darío y el modernismo; quizás en algunos episodios intelectuales de la generación española del 98. Son procesos de contradicción y refundación que después tendrían influencia en creadores de aguda conciencia crítica de las primeras décadas del siglo XX: escritores de la órbita de Joaquín Edwards Bello, de Macedonio Fernández, de Juan Emar, del Jorge Luis Borges joven. Lo primero que destaca Eça de Queiroz en su retrato de Fradique es un conjunto de afinidades y de amistades literarias nuevas y decididamente escandalosas en aquellos años. En las primeras líneas de La correspondencia confiesa que su intimidad con Fradique comenzó en París en 1880, en momentos en que el poeta, viajero impenitente, regresaba de su viaje al África Austral, pero agrega que ya se había encontrado con su nombre en unos versos que lo maravillaron y que se habían publicado en La Revolución de Septiembre. Los versos en cuestión, como ya sabemos, eran obra del propio Eça, lo cual ya nos coloca en el tono de broma y espejismo literario de todo el texto. Eça, aquí, es un claro precursor del Borges del Pierre Menard y de otros escribidores contemporáneos. Era una época en que el narrador y sus compañeros de cenáculo habían decidido combatir a brazo partido, a "rijos brados", como dice el texto original, el lirismo íntimo que había hecho de la poesía una "monótona e interminable confidencia de glorias y martirios de amor". La poesía de Fradique hablaba de otros asuntos, asuntos exóticos y sorprendentes: la historia de un anacoreta del siglo VI que cedía en su vejez a las tentaciones carnales; la del caballero Perceval y su búsqueda del Santo Grial; la de un demonio germánico que daba serenatas irónicas en un ambiente de la Edad Media... El Fradique de Eça de Queiroz es un personaje ubicuo, viajero a lugares exóticos, refinado, de talento y cultura superiores, que a menudo da la impresión de haber celebrado un pacto con el diablo, tema que surge en diversos episodios de la obra del novelista portugués. Está conectado con el "satanismo" de algunos poetas del norte de Europa y tiene amistad con los "malditos" y con los "parnasianos" de la poesía francesa de su época. Ha visitado a Victor Hugo en su exilio de Guernesey y es amigo personal de Charles Baudelaire y de Leconte de Lisle. En la novela de 1900, el narrador llega a un hotel de El Cairo y divisa a Fradique sentado en una mesa junto a un grupo de franceses. Hay una mujer interesante y un Júpiter barbudo, "un dios pesado y blando, con un principio de obesidad, que arrastra una pierna..." El narrador comenta que conoce aquella cara. "Naturalmente", le contesta Fradique, "por grabados... ¡Es Gautier!" Théophile Gautier era uno de los mitos literarios de la segunda mitad del siglo XIX. "¡Si no era un olímpico", exclama el narrador, "era por lo menos el último pagano, alguien que conservaba, en esos tiempos de intelectualidad abstracta y cenicienta, la religión verdadera de la Línea y del Color!" El texto póstumo de Queiroz, en buenas cuentas, es un curioso alegato literario. Es un alegato y a la vez un juego: una broma bien fabricada. Se habla de todo un conjunto de escritores franceses del siglo XIX, con dos importantes omisiones probablemente involuntarias, Arthur Rimbaud y Jules Laforgue, y con un silencio deliberado, el de Gustave Flaubert, parodiado sin embargo con notable insistencia. Nos encontramos casi al pie de la letra con las primeras líneas de Salambo, con un comienzo de capítulo de La educación sentimental ("Viajó... Conoció la melancolía de los barcos..."), con una lista de pesquisas eruditas a la manera de Bouvard y Pécuchet, los dos escribidores por excelencia, los dos precursores. En el comienzo de sus "ejercicios" de 1934, Joaquín Edwards Bello cuenta que estuvo dedicado a leer el epistolario de Fradique y que le vino a la mente la posibilidad de formar, "mediante el ciclo queiroziano, un arquetipo portugués, un Don Juan Lusitano". En el prólogo a la obra, escrito por él mismo, dice algo interesante. "Fradique", escribe, "es la sombra suntuosa de Eça de Queiroz". El personaje ficticio no podría ser mejor retratado. El novelista real lleva una existencia mediocre, de burócrata más bien mal pagado, pero tiene la posibilidad de inventar un alter ego de lujo, liberado de las limitaciones suyas. Edwards Bello piensa que la sed viajera de Fradique es propia de sus antepasados portugueses: "es un resplandor constante del deslumbramiento de navegadores en África, la China y América". Voy a enumerar algunos de los aspectos de Eça de Queiroz, sobre todo en su condición de inventor de Fradique Mendes, que tienen algo en común con Joaquín Edwards Bello. Edwards Bello, como el personaje de Fradique, como el propio Eça de Queiroz, odiaba el lugar común. Ellos trataban de alcanzar una visión propia, autónoma, independiente, sobre cada cosa. Fueron grandes críticos de sus tribus nacionales, críticos a menudo extremados, y estuvieron siempre propensos, por esto mismo, a incurrir en disparates políticos importantes. Ni Edwards Bello, ni Queiroz, ni Fradique Mendes, su heterónimo, se habrían podido ajustar a la noción actual de lo "políticamente correcto": de ingresar a un partido, habrían sido militantes indisciplinados, nada confiables, pero habrían proyectado siempre una mirada fresca, auténtica, no sobornable, sobre los fenómenos de la sociedad. Recordemos que Flaubert escribió un Diccionario de las ideas recibidas (o si ustedes quieren, de los "lugares comunes"). De manera que Fradique, como Eça, su creador, también era flaubertiano en este punto preciso, y Edwards Bello flaubertiano en segundo grado, quizás sin darse cuenta. Este odio al lugar común e incluso al sentido común también fue propio de Miguel de Unamuno, a quien cita Edwards Bello en su prólogo. Ya he dicho que la rebeldía de Eça de Queiroz, cercana a la del poeta Antero de Quental, aunque de fondo diferente, corresponde bien al momento algo posterior de la generación española del 98. Unamuno, eso sí, tenía más afinidad con el Antero de Quental de inquietudes metafísicas y religiosas. Fradique Mendes, en cambio, le habría parecido un frívolo y un perfecto dEçadente. Fradique, en complicidad con Eça de Queiroz, su inventor, se definía a sí mismo como un "turista de la inteligencia", no como un hombre de ciencia, ni un filósofo, ni un historiador, a pesar de su notable afición a la historia. A la vez, era un estudioso constante, un aficionado que sabía concentrarse en sus temas, un espíritu libre y notable por su audacia. A la manera de los escribidores de Flaubert, se dedicó a temas tan diversos como los monumentos megalíticos de Andalucía, las habitaciones lacustres, la mitología de los pueblos arios, la magia de Caldea o el derecho consuetudinario de las tribus cafres. El Edwards Bello cronista, con los archivos que guardaba en cajas de zapatos, se sintió probablemente estimulado por esta curiosidad universal. No era exactamente una curiosidad científica. Era, en cambio, una forma permanente de ejercicio y un estímulo constante para escribir. En su notable prólogo, Edwards Bello sostiene: "El que no quiere o no puede vivir como quisiera, inventa: escribe". Él, jugador, aventurero impenitente, perdió todos sus haberes en la ruleta, como lo cuenta en sus novelas a través de uno u otro "alter ego", en forma queiroziana, y después, cuando ya no le quedaba más remedio, convirtió sus experiencias en textos narrativos y en crónicas. Los turistas intelectuales, los que huyen de los lugares comunes y las ideas recibidas, no se dejan seducir por los "monumentos canonizados", como dice Fradique. Los encuentran con frecuencia en la literatura, en la arquitectura, en el arte en general, y los rechazan con el consabido escándalo. Para Fradique, son monumentos canonizados, esto es, falsos ídolos intelectuales, la Jerusalén liberada, de Torcuato Tasso, así como las pinturas del Tiziano, las tragedias de Racine, las oraciones fúnebres de Bossuet. Tampoco se salvaba el gran clásico de la poesía portuguesa, Os Lusíadas. Doy fe de que algunos versos de Os Lusíadas me parecen monumentales, canonizados o no, pero soy lego en la materia. Edwards Bello, que en su juventud fue declarado Cónsul Dadá en Valparaíso, se entusiasmaba sin duda con este tipo de irreverencia y la compartía plenamente. Otro punto en común y que Edwards Bello recibía de Eça de Queiroz y de Fradique en forma consciente, plenamente a sabiendas, es la relación contradictoria, apasionada, de amor odio, con la tierra y con la ciudad propia. En el prólogo a su Don Juan Lusitano sostiene con acento unamuniano que el hombre, Eça, "no vivió sino que soñó al Portugal". Es la Lisboa de él la que interesa, no la del Museo de los Coches. ¿Por qué? Por una razón sencilla y profunda: porque "Lisboa es él". ¿Pensó también Edwards Bello que Valparaíso era él? Probablemente sí, o aspiró, por lo menos, a que lo fuera, en su condición de ciudad de los fantasmas, de los cerros y de los vientos. En las líneas finales de Don Juan Lusitano nos encontramos con una nota enormemente reveladora, una nota que contiene una observación brillante y a la vez una confesión mal disimulada. Termino con esta cita, sugerida por un episodio de La ciudad y las sierras: "Su amor a la sierra fue póstumo y contiene algo así como un perfume de remordimiento, por lo mucho que acerbamente criticara a su patria, lo cual, por extraño fenómeno, la engrandeció e hizo interesante a todo espíritu que no fuera portugués ni contemporáneo suyo". Es, en último término, una confesión triste. Lisboa, en su belleza un tanto melancólica, se salva, y las ciudades nuestras, a pesar de nuestros poetas y nuestros escritores, se hunden en medio del tráfago y del humo. Quedan unas cuantas palabras, pero pocos las leen y casi nadie quiere escucharlas. -

NORTE DE ITALIA : LAGOS MAYOR, ORTA , MERGOZZO Y MONATE

Itinerario : Bérgamo-Novara-S Nazzario de Sesa-Gattinara-Orta:Sacro Monte, S. Giulio, Madonna del Sasso-Stresa:Islas Borromeas-Mergozzo-Vogogna-Sacro Monte de Domodossola-Verbania-Lesa-Arona-Angera-Ispra

Aspectos más importantes que integran el documental gráfico que se acompaña :

Conocido por todos :la vegetación de los palacios, los jardines, lagos, montes, etc., sobre todo en otoño.

Desconocido : la arquitectura teatral de los Sacro Montes de la región, que unidos a los de Turín y Varese constituyen un conjunto monumental muy interesante. Desconocidos para los historiadores del arte y Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Sorpresa : la arquitectura popular de grandes poblaciones como Gattinara, Borgomanero, Angera, Lesa y aledaños etc., que también se encuentra en pequeñas poblaciones de Mergozzo, Vovogna o en las poblaciones cercanas al lago de Orta (Miasino, Armero, Masimo Visconti), donde las casas siguen conservando las peculiaridades propias de siglos pasados.

Iniciamos el viaje desde Bérgamo camino de Novara, ciudad con el típico trazado romano, esta demasiado modernizada . Ha perdido el encanto. Despúes hacia la Abadía de Sesía, con el característico ladrillo rojo y los materiales de aluvión, cerca de Vercelli, zona de arrozales,(el Piamonte desde la Edad Media es uno de los mayores productores de arroz), el otoño dorado de los arrozales se ha convertido en muchas zonas en maíz seco, menos atractivo y polvoriento. Zona de canales trazados por Leonardo Da Vinci, mejorados desde el siglo XVI, la organización de los riegos le ha dado una gran la riqueza a esta zona. En Vercelli, se rodó la película de "Arroz amargo", extraña producción sobre las temporeras, amores cruzados y villanías. Se inicia con los trabajos de la plantación del arroz, ¡vaya que casualidad !, los realizaban sólo las mujeres. Los hombres son jefes, policias o ladrones, pero ninguno da pique en ningun momento de la peli. Creo que siempre hemos trabajado a doble jornada, debe de ser genética, salvo alguna espabilada, a la mayoría le toca doblete.

Seguimos hacia Gattinara y la Valsesia, en la ciudad de Gattinara el decumano y el cardo se dejan ver perfectamente. Las casas mantienen la línea del antiguo trazado de cuadrícula romano. Los patios con portalones tripartitos para permitir la entrada a los carros, donde se habilitaban grandes tejados de cielo raso para el secado de las cosechas. Espacios donde todavía se aprecian las distribuciones de las viviendas de dos plantas, con patios comunes para el lavado de la ropa, el pozo, el baño, las letrinas, quedan en las paredes las lámparas de carburo. Los patios están llenos de pequeños detalles, conservando un gran encanto. Estos aspectos están en muchos sitios.

Continuamos hasta el Lago de Orta, precioso lago, pequeñito pero coqueto. Buenas vistas desde cualquier zona, siempre se ve la isla de San Julio, esto hace que el lago tenga un encanto especial. Isla muy pequeña, con unas cuantas casas y una casualidad : iglesia y convento. Habitado por monjas de tocas negras, tela negra sobre negro, al fondo una piel blanca, transparente, propia de una doncella de cristo. Reparten panes sólo el día 31 de enero, san Julio.

El lago de orta es tranquilo, sosegado, el sol brilla a traves de la niebla, blanquea, dulcifica todos los bordes y perfiles . Azul sobre verde, coloreados por el otoño que tiñe todo y evita la monotonía. Muchas especies de árboles centenarios : tejos, castaños, pinos, tilos, etc. .Visitas obligadas muy especiales : El Sacromonte de Orta , Santa María del Saso, Orta y la Isla.

El sacromonte de Orta, es de similares carácterísticas a otros Calvarios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (Varese, Varallo, Oropa, Orta, Belmonte, Crea, Domodossola y Ghiffa). Los calvarios son espacios religiosos muy constantes en el norte de Italia. El primero que yo visité fue el de la ciudad de Vicenza. Constituyeron una barrera defensiva contra Lutero y los protestantes. Y en estos momentos, hoy en día, podemos encontrar iglesias con unos interiores que perviven desde entonces sin que nadie les haya tocado ni un ápice, sin reformas ni reconstrucciones falseadas. Son maravillosos, todavía huelen a iglesia, a sacristía, a sotana, espacios poco iluminados, con velas, donde volvemos al pasado, hay feligreses, misas, rezos, etc.Otro mundo.

Bueno volviendo a las calvarios declarados por la Unesco, son lugares de peregrinación desde la edad media y ocupados posteriormente por alguna Orden religiosa. Todos ellos están situados en colinas con vistas panorámicas ( por el espacio -hasta el vértice más alto de la zona- y vegetación que los rodea -castaños-).


El estilo de la arquitectura de las capillas de formas manieristas, palladianas en su mayoría, conforma lo mejor (se suman a las formas, la rejería, los cerramientos -a veces trabajos de madera que aquí denominaríamos mudéjares-etc.), generalizadamente del siglo XVI-XVII, desconocidos para la historia del arte de nuestro país.

Templetes de variadas dimensiones que acogen en su interior grupos escultóricos que narran el Calvario de Cristo o Vidas de Santos (en éste caso, de orta, San Francisco de Asis y sus pajaritos). En su interior, sobre un espacio decorado con frescos se sitúan los grupos escultóricos, con figuras exentas, como si fuera un teatro, con un gusto la mayoría de las veces muy manierista. Los grupos escultóricos son muy variados y de diferentes calidades estilísticas. Buenas ejecuciones del siglo XVI y XVII, que en algun caso (Domodossola) se acompañan de macabras estucos del siglo XVIII Y XIX , pero este hecho quiza viene dictado por el abandono y la desidia en la que estuvieron algunos de ellos durante mucho tiempo.

Los más interesantes creo que son los de Varallo, Orta, Oropa y Varese. Pero el resto también merece una visita, sobre todo cuando se recogen las castañas, los días en otoño son cortos, los cielos son soleados, las brisas mecen los árboles, todo amarillea, todo se ilumina, hasta el suelo y el brilo de tus ojos, hacen unos días preciosos. Lugares abandonados, sin gente, silenciosos, sin turistas, como mucho algún solitario corredor de maratón, sólo el ruido de las hojas al caer, como si fuera lluvia acompañando nuestros pasos en un día de pleno sol.

Después de la vuelta al lago de Orta, nos dirigimos por la vega del rio Agogna hasta Stresa, lugar turístico del lago Mayor, subimos por el valle de Dossola, donde destacaremos su calvario y la localidad de Mergozzo. El lago Mayor, más grande que el de Como, guarda espacios para los que la modenidad no ha llegado. Grandes hoteles, palacios, jardines que nos llevan a un pasado olvidado, pero nos queda la literatura, sus magníficos salones y las arquitecturas grandilocuentes, inmejorable la Villa Taranto. Al mismo tiempo pequeñas e intimas poblaciones, ocupadas por la tercera edad centroeuropea y algún despistado que gusta del turismo romántico y del deporte, de los espacios arbolados, de las flores, de los caminos adoquinados y los soleados atardeceres, el de las cinco de la tarde que desaparece de pronto, dejándonos huerfanos y hielados de frío. Y por encima de todo el agua, que aporta cada día, calidades siempre nuevas, unas ventanas que cambian con las horas del día. Días de sol que lo llenan todo, días de niebla que tiña y moja hasta las puntas de los alpes, como si fuera gelatina.

Y esa punta tripartita, que tiene idéntica disposición en el lago de Como, que asemeja un gran teatro, la escena la ocupa el lago, la tierra tiene multiples disposiciones a lo largo del día. La riqueza cromática y sentimental es infinita. Y en los jardines mis damas esperan a los amantes hasta que llega la hora añorada, mientras las esposas pasean por los salones de los Borromeos, bajo las grandes arañas, aburridas y enjoyadas. Esta es una forma, como otra cualquiera de alejarse de la crisis, del hambre y de la pobreza. Hasta pronto.

lunes, 29 de septiembre de 2008

VIAJE AL PASADO 3 : EL PRINCIPIO DEL FIN


Todo el mundo procede de algún sitio, ciudad, pueblo, región, país, etc... yo procedo de un grupito de casas amontonadas, que ni es pueblo ni es nada, casitas aplastadas por el frío en invierno y por el sol en verano. A pesar del suelo, de los árboles, de las colinas, solo se ve el cielo. Unos cielos azules, amplios, como el mar. Por este mar profundo y amplio, como si fueran veleros se pasean las nubes, pequeñitas, a borbotones, de aquí para allá y el horizonte se aleja hasta el infinito, hasta nombres insospechados : barricomedes, el escobo, etc. Cuando se hace de noche, el azul se vuelve negro, como la boca del lobo. Todavía no puedo soportar el peso de los cielos llenos de estrellas, negros, el miedo te sobrecoge y tienes claro, que ahí tiene que haber algo más que tú, que no podemos estar solos. Sí, esto es una de las cosas más impresionantes de las que yo he disfrutado en mi vida, de los cielos de castilla, en espacios alejados de las luces nocturnas, a mil metros de altura.

Yo nací en un sitio así, y he vuelto, he vuelto a besar las manos que me recogieron del vientre de
mi madre, manos cariñosas, alegres hasta en la vejez, a pesar de los dolores, las penas que en la vida les han sido destinadas. Mi madre creía en el destino de manera total, supongo que era una forma de substraerse a la vida, era una manera de evitar lo inevitable, de relegar la pena y las desgracias, para tener un poco más de alegría, ella lo intentó siempre.

Mi madre fue alegre hasta el final de sus días, como estas mujeres que la acompañaron en sus años jóvenes. Ellas se ayudaban, se apoyaban, se solapaban, vivían adheridas en un mundo de hombres, en un medio duro y seco, como sólo puede ser la tierra castellana. Pero las mujeres estaban siempre juntas: en los partos, en las fiestas, en las desgracias, en los lavaderos, en los juegos, y siempre acompañadas de sí mismas.

Se levantaban antes de la salida de sol, y ya estaban preparado el puchero con las patatas y las sopas, esa era la primera y la más importante de las comidas. Salían al campo a trabajar, hasta el atardecer, acaso se recogían antes para preparar la lumbre, en los hogares de leños, hasta que ardían las chimeneas acampanadas, donde la mayor luz la daban las llamas reflejadas en tu cara, y a tu espalda se dibujaban sombras que siempre se te antojaban espíritus perdidos.

Pero todos los días no eran así, había día de fiesta, días en que todo el mundo dejaba de trabajar durante tres o cuatro días, como el día de San Cosme y San Damián, El Pilar, San Miguel, etc. Llegaba la familia de lugares lejanos y desconocidos : Madrid, Zaragoza, Barcelona, Logroño, etc. y es como si ahora nos hablasen de que llegan de Macao o de Jamaica. Venían con regalos de segunda mano que se te antojaban únicos y maravillosos. Se preparaban las tortas durante meses, amansando el pan, dibujando las roscas, coloreandolas con muñecos de azúcar. Yo las miraba con envidia, porque sabía que no serían para mí. Serían para el ofreciera más dinero en la subastas de la noche en medio del baile. Y yo sabía que nosotros no teníamos tanto dinero. Me preparaban una torta, pero nunca era tan bonita como las que sorteaban entre el clamor de la multitud y que colgaban debajo de los santos en las procesiones.

Este año hemos celebrado san cosme y san damián, yo me he comprado dos tortas con colorines, pero ya nadie hace las roscas de antaño. Ya no queda nadie en mi pueblo, sólo las casas amontanadas, vacias, la gente sigue llegando de lejos para celebrar el día del santo. Hemos recordado viejos tiempos, sólo los ciervos y los zorros se pasean por los montes y los caminos, y las nubes siguen paseando por los cielos y nosotros nos iremos detrás de ellas, al atardecer, antes de que anochezca y nos invada el miedo a la oscuridad.


sábado, 13 de septiembre de 2008

CAMINO DE SANTIAGO 2: SARRIA-PORTOMARIN-PALAS DEL REI-MELIDE-ARZÚA-ARCA DE PINO-SANTIAGO DE COMPOSTELA



De nuevo el camino, esta vez nos hemos acercado en tren hasta Sarria, hemos transitado al amanecer por El Bierzo y pasamos las montañas en silencio, he preferido dejar los recuerdos dormidos. He dormido como un lirón para olvidar unas cuantas cosas, he tratado de dejar atrás el dolor, de comenzar como si fuera el primer día de algo. Y aquí estamos, una mañana con nieblas, el verde me recuerda a la dordoña francesa, Hace tanto tiempo que no paseo por Galicia!!. Sarria es un pueblecito pequeño, con varias iglesias, palomares antiguos, un rio con ocas, riberas con molinos en desuso que indican mejores tiempos, calles silenciosas, balconadas acristaladas que nos anuncian la lluvia. Y ahora a caminar todo el día.
Las jornadas han sido agradables, un par, bosques más bosques, bajadas continuadas con alguna que otra pendiente, buen trazado hasta Melide, cada vez mejor camino, bien señalizado, muchos sitios para dormir, para comer, paradas para cafés, no falta de nada. Hay una bajada con mucha pendiente camino de Portomarín, si vas muy mal, un poco peligrosa. En este tramo se puede apreciar el cambio de la Galicia profunda a la nueva Galicia. Al principio casas con granjas, todo en el mismo espacio,cerrado a cal y canto por los altos portalones, tan altos como los tejados, olores de vaca por todas partes. Prados marcados por las corredoiras, losas gigantescas marcando los huertos, separando las lindes para evitar enfrentamiento y muertes. Robles centenarios por todo el camino, praderas más praderas, todo arbolado y cuando no hay árboles, el terreno se llena de rematas y brezos, más abajo hacia Melide nos acompañan los robres y debajo de ellos las hojas verdes de los helechos. Paisajes solitarios que poco a poco se van poblando más, pequeños pueblos, donde el mayor número lo constituyen las vacas, aunque están encerradas. Pocos animales por el campo, pero tengo gatos para disfrutar en cada rincón del camino.
Paseos tranquilos con conversaciones agradables, sin tono, con contenidos curiosos, como siempre, mañana será otro día.

Hoy han intentado robarle un perro decaza a una gallega, en un pueblo pequeño, gracias que vamos muchos lo ha impedido un caminante. Pobrecillos! crédulos!!, como antaño tienen que soportar estas masas flotantes, supongo que piensan que estamos todos medio locos, y nos miran como han visto a sus señores durante generaciones, sin prestar demasiada atención y mirando hacia otro lado.
Los paisanos hablan poco, su tono vital denota lo estresados que estamos los caminantes, siguen contestando con preguntas, en Furelos pueblo pequeño con un puente impresionante de factura medieval, hay una iglesia, hay dos curas, las edades los separan, reciben a los caminantes y explican la iglesia con caridad cristiana, alguna razón habrá ante una mayoría tan aplastante -las imágenes son de los años de Franco. He consultado que donde están las anteriores y contestan que quedaron como un cristo?.

Losas de piedra en los tejados de las casas, piedra para el resto de la casa perfectamente trabajada. Después de Portomarín, hacia Melide las condiciones de las casas mejoran, las pizarras se transforman en tejas rojas, las casas más espaciosas.

Interesantes las iglesias de Ferreiros, Barbadelo y Vilar de Donas, cerca de Palas de Rey. Cruceíros en todo el camino, muy interesantes como el de Melide. Los hórreos van cambiando a lo largo del camino, de tamaño y de materiales, además de las casas es lo que nos señala el cambio. Ya no sirven para guardar el maíz, pero siguen ahí como tantas cosas en esta país.
Parece que no queda nada del pasado, pero siempre quedan cosas, para bien y para mal.

Hasta Santiago de Compostela, pasamos por Arzúa, Arca, hasta el Monte del Gozo, el camino siempre es el mismo, robledales, prados, hórreos, pueblos pequeños, cada vez más habitados los caminos. La vegetación de brezos y helechos, grandes zonas plantadas de eucaliptos que anuncian la llegada a Santiago de Compostela. Horrorosa escultura en el Monte de Gozo , pero podemos disfrutas del robledal y la capillita de San Marcos, desde aquí carretera asfaltada hasta la catedral.

No ha llovido, y como dicen los lugareños todo esta cambiando, seis días de sol, temperaturas altas. Pero yo todavía no he terminado el camino de Santiago, me faltan muchos caminos. Hemos abrazo al Santo como es de rigor, al fin y al cabo nos da la espalda, la plata es fría y los deseos resbalan.

La plaza del Obradoiro sige como siempre, el hostal de los reyes católicos, la plaza llena de gente, las grandes torres mirando el atardecer, de espaldas a Galicia y a España, mirando hacia el mar, por donde tanta gente se ha perdido hacia el mundo, esperando a sus caminantes, esperando a sus emigrantes con la frente limpia, bien lavada.

La catedral, me parece más pequeña que nunca, con las portadas de los pies en restauración, su perla más preciada. Sí que podemos admirar el románico de la puerta de las Platerías, no hay nada igual. Paseamos por las calles, nos cansamos hasta el anochecer y esto se acaba después de un viaje en vagón de tercera, con seis personas en un compartimento de dos, amontonados como corderos.... y continuará ... porque me he saltado parte del camino y ... todos los caminos van a roma y por extensión a santiago de compostela.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

CUATRO PAREDES BLANCAS

Hay hombres que luchan un día
y son buenos.

Hay otros que luchan un año
y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos.

Pero hay los que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles.

Bertolt Brecht.

Es tarde ... no puedo dormir ... tu recuerdo invade mi mente,
esta noche no dormirá nadie, ni tú ni nadie.

En silencio, las cuatro paredes blancas,
imagino que son blancas pero sé que son azules,
pero yo siento cuatro paredes blancas rodeándote, en la nada más absoluta, la rejilla al fondo,
la soledad blanca, el silencio de los pasillos, las luces amarillentas, borrosas,
el cansancio en los parpados, la mirada perdida, el dolor en las manos,
la búsqueda imposible : el calor de tu casa, el ladrido de tu perro, la mano en tú mejilla.

Esta noche será larga, y mañana y pasado mañana. Y todos saborearemos la amargura en la garganta, esa naúsea que se pierde entre los vocablos que no dicen nada,
esa amargura que nada sabe de tu dolor, de tus penas, de tus lloros, de tu tristeza, de tus lágrimas.

El camino es largo, cegados caminanos, hacia adelante, enlazados todos, atados por lazos
invisibles, opacos, hacia adelante vamos, el día será largo y el mañana y el de pasado mañana,
unidos por los cordones que tejimos en el pasado, con las manos cansadas.
Somos muchos y ganará el deseo,
poco a poco llegaremos, os prometo que llegaremos,
aunque los días sean largos, frios los amaneceres, corta la esperanza, os prometo que llegaremos.

Y espero y deseo que algún día, un diez de septiembre, cuando pase el tiempo, cuando todo se olvide, le contaremos que no estabáis solos, que el hombre nunca está solo, que vive y convive con otros seres, poco más o menos cómo él, un poco más alto, un poco más gordo, un poco más listo y aveces un poco más valiente que los demás, y como decía Silvio Rodríguez esos son los buenos, esos son los imprescindibles.

Si me dijeran: pide un deseo

preferiría un rabo de nube
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube
un barredor de tristezas
un aguacero en venganza
que cuando escampe
parezca nuestra esperanza
un barredor de tristeza
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.
«Rabo de nube», 1979.

sábado, 6 de septiembre de 2008

VIAJE AL PASADO 2 : LA TRILLA



Ayer en un periódico la efeméride era que hace cincuenta años, en una fecha como hoy, acababa la trilla, se daba por terminada, se iniciaba un periodo de descanso para los habitantes de los pueblos de Aragón, no para todos, las uvas estaban por recolectar.
En Castilla estas son fechas de fiestas, el día ocho de septiembre, es fecha señalada y más todavía a finales, entre San Mateo ó San Cosme y San Damián. Para finales de septiembre, el trigo ya estaba recolectado y bien guardado, vendido o a punto. Se iniciaba el comienzo de otro año, como cuando eramos adolescentes y con el curso escolar, en septiembre, se iniciaba otro periodo de tu vida. Para mí, el año se inicia en septiembre, se renuevan los buenos deseos, comienzan los anuncios de los cursos de inglés en la tele, los nuevos propósitos, ¿que curso hago? ¿donde iré de vacaciones al año que viene?.
¡La trilla!, da vértigo pensar que en cincuenta años se ha desmontado el mundo, en menos de treinta años, en la mitad, sin que nos diéramos cuenta, calladamente, a pesar nuestro. Hemos pasado de la prehistoria a una modernidad que no sabemos muy bien donde nos llevará.
He buscado una foto de mi familia, en la trilla, todos los miembros colaboraban, mayores y pequeños, durante el mes de agosto, todo el mundo estaba en las eras. Salvo las horas de más calor, y aveces ni aún esas, hasta bien entrada la noche, se pasaba desgranando el trigo, se pisaba, se recolectaba, se trasladaba a las casas y al día siguiente vuelta a comenzar. Lo único que rompía la monotonía eran los niños, los cielos estrellados, alguna víbora que se había quedado rezagada en las gavillas, y las tormentas de verano.
Yo me moría de miedo si aparecía alguna víbora, parece que las atraía, siempre estaba mi madre dispuesta a matarlas. Hasta muy mayor, con una rapidez increíble, con un palo las partía sin más.Con el pasar de los años, y el abandono del campo que tanto odiaba, había comprendido que no había que matarlas a todas, pero gracias a eso pudo vivir y morir.
Mi abuelo no tuvo hijos, se paso la vida añorándolos, tenía el dolor en la frente por la dolorosa perdida infantil. También mi abuela tenía el dolor marcado en la cara, en esos ojos profundos, que no sabías que te decían, pero lo veías al fondo, la lengua paralizada porque no le habían dejado hablar, era mujer y sólo había silencio, no tenía derechos, sólo obligaciones: cocinar, limpiar el patio de tierra, amasar el pan en el horno, matar las moscas del patio, cuidar el huerto -había hasta fresas-, llevar el agua de la fuente, etc. Conocía todas las plantas de su entorno y para que se utilizaban, las llamaba por su nombre, nombres que yo nunca olvidaré, porque las aprendí muy pronto. De muy joven estuvo en Madrid, de alguna manera le dio tiempo de conocer el mundo. Tuvo varios hijos, durante la guerra y la posguerra. No pasaron hambre, tenían el pan cerca, y sin estraperlo dieron de comer a muchos de sus familiares.Los hijos le nacieron y se le murieron en los brazos y también su hermano y los nietos llegaron demasiado tarde. Yo tengo la sensación de que nunca me porté bien con ella, no sabía hablarme, no encontraba lenguaje para mí, sólo esos ojos profundos, que cerca ya de la muerte me daban tanto miedo, ella, la muerte estaba ahí, estoy segura.
Mi abuelo era una buena persona, sabía leer y escribir, aunque rudo y seco, de parcas palabras, certeras. Había libros en su casa, la mayoría no se sabía si prohibidos o no. Y los nombres de sus hijas estuvieron influidos por las novelas de romanos. Novelas que sí podíamos leer, el resto te decían que tenías que esconderlos. Por si acaso no estuviesen prohibidos ¿porqué?. No se sabía. De hecho hasta el Quijote que mi padre gustaba de leer creían que estaba prohibido. La mayoría eran de un tío cura que había muerto antes de nacer yo, y del que todo el mundo hablaba.
Mi abuelo, que no fue a la guerra, soportó toda su vida los dolores de una pierna, ocasionados por una bomba abandonada que le explotó al paso de su caballo, este le hizo la vejez dolorosa y vencida, a pesar de la gallardía que no perdió jamás, soportó los sueldos miserables de su juventud, que llevaron cierta riqueza a su casa, pero no soportó que sólo le vivieran las hijas, tenía un secreto guardado en el corazón que se llevó a la tumba y yo a veces, me pregunto que sería ese secreto tan guardado. Cuando no estaba en el campo se pasaba la vida entre papeles apergaminados, que procedían de un arca que yo trataba de desentrañar, pero el tenía buen cuidado de que no me acercará, ni siquiera me dejaba entrar en la habitación cuando trabajaba. Tuve más relación con mi abuelo, fui su primera nieta, le berreé todo lo que quise y más, me regaló un parchis con el que pasábamos horas y horas toda la familia comiéndonos las fichas sin piedad.
Era un hombre, él podía hablar, y así les prohibió a sus hijas demasiadas cosas, como era propio de la época. Les hizo trabajar como hombres y ahí están, removiendo la parva. Como hombres se emanciparon, se hicieron fuertes, aprendieron a leer y escribir, fueron al colegio, poco, supongo. Parece tonto, ¿verdad?,¿ aprender a leer y a escribir ?, parece que hablo de la prehistoria ¿no?, hablo de hace unos años, de mi familia.
Mis abuelos habían recorrido el mundo, habían ido a celebrar sus bodas a Lourdes, fueron en tren a Biarritz y desde allí a Lourdes (Francia). Yo de pequeña tenía las fotos en mis manos, en blanco y negro, una inmensa catedral blanca, praderas infinitas, curas con sotonas puestos en fila y todo tan inmenso.
Al final, se hicieron mayores, en ese momento mis abuelos dejaron atrás todo lo que habían querido, una mañana, sin desearlo, sin protestar, con dolor. Los trasladaron a una ciudad desconocida, una casa pequeñita, unas escaleras infames de paredes blancas, con frigorífico, un paisaje sin apenas árboles, sin arroyos, sin verros, sin ranas, ni luciérnagas, casi sin primaveras, sin tormentas de verano, con gentes distantes, y fue muy doloroso para toda la familia a la par que irremediable, su pueblo se había quedado sin gente. Todo el mundo se había ido a la ciudad, todo el mundo se había ido a las fábricas, habían abandonado el campo, se habian termiando las trillas, sus hijas se habían casado y tal como él vaticinó tuvo que salir de su casa, abandonarla, y ahí sigue, abandonada, poblada de fantasmas, de deseos, de sueños, de rezos, de silencio.
Estoy hablando de la década de los años cincuenta y sesenta; tan lejos y a la vez tan cerca.

Los girasoles ciegos

Vencidos victoriosos

Herme G.Donis

Casi todo resulta sorprendente en este libro que la editorial Anagrama publicó en enero de 2004. Su autor, Alberto Méndez, tenía 63 años cuando ve publicada esta primera obra y muere once meses después sin apenas saborear el éxito que tras su muerte tendría el libro. Durante los meses posteriores a su publicación, y a pesar de las buenas críticas que la novela recibe, las ventas de ésta se hacen casi de una forma clandestina. Algunos comentaristas de radio dan la voz de alerta sobre las cualidades de Los girasoles ciegos. Recomiendan su lectura con pasión y, a partir de ahí, el boca a boca termina por convertirlo en un libro de referencia obligada. Como consecuencia, las ventas comienzan a dispararse (baste decir que a fecha de hoy la editorial ya ha lanzado al mercado ocho ediciones (unos 28.000 ejemplares, según el editor) y el libro consigue primeramente, y en vida de su autor, el Premio Setenil de relatos y posteriormente (ya fallecido Alberto Méndez) los importantes Premios de la Crítica y Nacional de Narrativa. Pendiente quedó el Premio del Gremio de Libreros de Madrid, ya que éste sólo se concede a autores vivos. Pero lo más importante de todo es que Méndez ha contado con un favor que es el mejor de los premios para cualquier creador: la entrega incondicional de los lectores. Casi dos años después de su publicación, el libro aún se sigue recomendando en público y en privado y pocos dudan en saludarlo como una de las obras más importantes publicadas en los últimos tiempos.
¿Pero quién fue Alberto Méndez y qué es Los girasoles ciegos? Alberto Méndez Borra nació en Roma en 1941. Su padre, el poeta y traductor, José Méndez Herrera, trabajaba en aquel momento en la ciudad italiana para la FAO. Muchos lectores puede que recuerden a este último sobre todo como traductor habitual de la editorial Aguilar, para la que tradujo muchas obras de autores tan importantes como Irving, Stevenson, Eliot, Dikens, Chesterton, Bernard Shaw, Tennessee Williams, etc, llegando a conseguir en 1962 el Premio Nacional de Traducción por su versiones de las obras teatrales de Shakespeare. Alberto Méndez, hombre de izquierdas, (milita en el Partido Comunista hasta 1982) estuvo siempre vinculado, de una u otra manera, al mundo de la edición. En su lucha contra el franquismo crea, entre otras, la editorial política “Ciencia Nueva”que clausura Manuel Fraga Iribarne en su época de ministro de la dictadura franquista. Asimismo, llega a ser un alto ejecutivo de la editorial Montena y se dedica a labores de guionista (colaboró en programas dramáticos de RTVE y fue guionista con Pilar Miró) y traductor a veces en solitario y otras en compañía de su hermano Juan Antonio, como ocurre con el libro del marxista italiano Galvano della Volpe Lo verosímil fílmico y otros ensayos, del que el propio Méndez es prologuista.
Últimamente la narrativa se ve inundada de textos referentes a la Guerra Civil Española. Ante este auge son muchas las voces que se alzan bien para celebrarlo o para recordarnos que después de tantos años la palabra “reconciliación” sea aún tan difícil de aceptar. Pero libros como Los girasoles ciegos nos ofrecen unas lecturas fascinantes que, lejos de soliviantar sensibilidades, vienen a poner de manifiesto que es necesario conocer la historia para entender el presente y proyectar el futuro. Los girasoles ciegos es un libro de cuentos articulado a lo largo de cuatro historias- cuatro derrotas, dice el autor- que transcurren entre el período quizá más duro de la posguerra, que va desde 1936 a 1942, y que siendo totalmente independientes están hábilmente entrelazadas entre sí. Sus personajes son seres vencidos. Seres que se encuentran en un camino sin retorno recorriendo una senda de dolorosa entrega e ignorantes de en qué momento su ya maltrecha existencia dará de bruces contra el polvo.
El primer relato, o primera derrota, nos habla del capitán Alegría. Oficial del ejército fascista, Carlos Alegría se rinde a los republicanos cuando las tropas golpistas están entrando en Madrid. Postura que, lógicamente, no es entendida por ninguno de los dos bandos, pero que el oficial explica que toma, entre otras muchas razones aparentemente arbitrarias, porque sus correligionarios no querían ganar la guerra, sino matar al enemigo. Su entrega le acallará la mala conciencia de haber sido miembro de un ejército que, para vencer, ha tenido que cometer tantas atrocidades y crímenes Como dice Ramón Pedregal a propósito de una reseña sobre el libro: “El capitán Alegría es un Bartleby que cuestiona la norma de aquellos con los que vive y no puede abandonar su visión de lo que ocurre”.
La segunda derrota, quizá el relato más logrado y sobrecogedor de los cuatro, nos cuenta el breve periplo de un joven poeta que huye de los vencedores hacia las montañas asturianas en compañía de su mujer embarazada. En medio de la soledad y el frío la muchacha da a luz a un niño y muere tras el parto. A través de un diario íntimo, donde el adolescente deja escrito su miedo, se nos va poniendo en antecedentes de la vana lucha que emprende el joven padre para salvar la vida de su hijo.
El tercer relato, o tercera derrota, gira alrededor del soldado republicano Juan Serna. Cuando el presidente del tribunal que debe juzgarle y su mujer se enteran de que el soldado enemigo conoció y vio morir a su hijo (un ser abyecto que fue fusilado por sus múltiples delitos) le conminan a que hable y hable sobre ese hijo. Intentando arañar unos días más a la existencia, convierte al joven traidor en el héroe que quieren los padres. Mas la impostura pronto le asquea y cuenta la verdad. Verdad que indefectiblemente le llevará a la muerte.
La historia, o la cuarta derrota, que cierra el libro transcurre en la opresiva vida cotidiana del nuevo régimen. En ella se habla de Ricardo. Un “topo” al que toda la familia protege entre miedos y silencios. Desde el armario en el que vive encerrado contempla impotente y horrorizado el acoso libinidoso que sufre su mujer por parte de un diácono, profesor del hijo del matrimonio. El final es dramático y desolador.
Alberto Méndez nos ha dejado con su única obra no sólo un extraordinario ejemplo de composición literaria, sino -y a pesar, de la crudeza de todas las situaciones- una continua muestra de sensibilidad, que puede conmover a todo tipo de lectores. Sencilla, realista y a la vez cargada de simbolismos, Los girasoles ciegos es una obra sobre la memoria. Sobre una memoria colectiva que debe tener definitivamente su asentamiento en el lugar que le corresponde. Porque superar la tragedia de aquella España de represión, marchas militares y ruido de sables, exige, como se dice en la cita inicial de Carlos Piera, asumir, no pasar página o echar en el olvido.

martes, 19 de agosto de 2008

Francia : GURS

LA MEMORIA HISTÓRICA EN FRANCIA: BUZIET Y GURS
... Hemos estado visitando Gurs, de la mano de Jose Ramón, el paseo ha sido doloroso, pero el día era cálido, un soledado domingo de agosto. A pesar del calor y de los árboles del bosque -bosque que se plantó para recordar la memoria de los que sufrieron en el campo de Refugiados de Gurs (pirineros franceses, cerca de Oloron)-,en el espacio de ocupó el campo de refugiados todavía quedan pequeños restos de fango, humedales, barro, etc.... Hay un espacio expositivo, el cementerio con los restos de los españoles, franceses y judíos, las vías y las alambradas para centrar la memoria en l944. En la zona de exposición se ha llevantado un barracon, lo que unido a la recreación teórica: construcción de edificios, explicaciones con paneles, dibujos y fotos, todo ello te conduce desesperadamente al dolor, al frío, a las penurias, al hambre ¿dónde va tanto sufrimiento?¿dónde va el dolor?. Pero también te das cuenta de que seguían con su vida cotidiana, tratando de hacer de la anormalidad el día a día. Al final, siempre la alegría de que todo es diferente para nosotros, ¿cómo responderíamos?, mejor no respondemos y caminaremos felices (porque los tiempos han cambiado-no para todo el mundo-) ha ver una iglesia románica, nos sentaremos en los prados y tomaremos tranquilante una cerveza de camino a casa.

A continuación el relato de Jose Ramón Villanueva publicado en el Diario de Teruel :

"Era mediodía y apretaba el sol aquel 17 de julio de 1944 en el pequeño pueblo de Buziet situado en el valle pirenaico de Ossau, en la Francia entonces ocupada por el ejército alemán. Los nazis buscaban a un grupo de guerrilleros republicanos españoles responsables de diversas acciones de guerra y sabotaje contra las tropas hitlerianas: los SS rodearon Buziet, sitiaron la casa en donde se refugiaban los republicanos españoles y, tras más de tres horas de combate, asesinaron a 14 compatriotas nuestros, saquearon el pueblo casa por casa y fusilaron a varios vecinos tanto de Buziet como del pueblo cercano de Buzy.
Estos trágicos hechos nunca se han olvidado en Buziet, pueblo por cierto que limita con Louvie-Juzon, localidad en la que estuvo exiliado el republicano turolense Víctor Pruneda en 1856. Aunque de los crímenes cometidos en Buziet han pasado 64 años, desde aquel trágico 17 de julio de 1944, todos los años tiene lugar un homenaje cívico a los guerrilleros republicanos españoles y a las víctimas civiles asesinadas allí por los nazis. Este año, dicho acto tuvo lugar el sábado 19 de julio y contó con la presencia de numerosas autoridades civiles, militares, así como con la representación de 22 banderas de la ANACR (Association des Anciens Combattants de la Résistance) de otras tantas localidades bearnesas de la zona. La jornada se inició con una ofrenda floral en el cementerio de Buzy en las tumbas de las víctimas civiles. Posteriormente, en la pequeña iglesia de Saint-Justin de Buziet, tuvo lugar un oficio religioso, muy emotivo y lleno de solemnidad en recuerdo de los republicanos españoles. Durante toda la ceremonia, las banderas de la ANACR, arropando a una bandera tricolor republicana, ocuparon un lugar preferente en el altar: ciertamente resultaba inimaginable que un acto así, con una bandera republicana presidiendo un altar, pudiera tener lugar en España. Más tarde, el portador de esta última, francés e hijo de un republicano español (de Vélez-Málaga), me habló del orgullo con que portaba aquella tricolor, que él “llevaba en el corazón”, una bandera por la cual fue fusilada su abuela, una bandera que llevó a su padre al exilio.
Acto seguido tuvo lugar una ofrenda floral en el cementerio de Buziet ante la tumba colectiva donde yacen los 14 republicanos españoles asesinados por los nazis. En medio de un emotivo silencio, se fueron pronunciando, uno a uno, los nombres de nuestros compatriotas, que eran los siguientes: Diego Carrión, Francisco Amado, Andrés Piniés, Ángel Andrés, José Ferrando, Francisco Giménez, Gregorio Gil, Antonio Felipe, Antonio Ruenes, Antonio Carmona, Benjamín Zaragoza, Agapito Sotomayor, Antonio Fernández y Adolfo Villanueva. En su tumba colectiva se puede leer “Guerrilleros españoles, brazo armado de Unión Nacional. Muertos por la libertad y la fraternidad franco-española”, tumba que, como cada año, quedó cubierta por una gran bandera republicana, junto a las coronas de flores de las asociaciones Mémoire de l’Espagne Républicaine y de Les Amis de la Résistance-ANACR y de otra con una hermosa dedicatoria: “Ensemble pour la Paix”.
Durante este acto, tuve ocasión de conocer a descendientes de exiliados republicanos vascos, madrileños, andaluces y de otros lugares. Pude saludar a Carmen Villalba que, a sus 96 años y con la insignia tricolor en su vestido, era la más anciana de los asistentes, fiel, año tras año, a la ceremonia de Buziet.
El emotivo homenaje concluyó con otra ofrenda floral ante el Memorial de los Guerrilleros, situado en la aledaña plaza, llamada por ello “du 17 de julliet de 1944”. El “Himno del Partisano” y los briosos sones de “La Marsellesa” resonaron con fuerza en Buziet recordando a estos republicanos españoles, asesinados hace ya 64 años y que, desde entonces, en esta fecha, y con tal motivo, reúne en Buziet con tal motivo familiares, amigos, asociaciones y autoridades para honrar a las víctimas de la lucha contra el nazismo.
Al día siguiente, el 20 de julio, se recordaba en toda Francia el “Día Nacional en memoria de los crímenes racistas y antisemitas del Estado Francés”, esto es, los cometidos por el régimen pro-nazi del general Pétain durante la II Guerra Mundial, algo así como si en España se dedicase un día a la memoria de las víctimas de la dictadura franquista. Con este motivo, asistí al acto organizado en el antiguo campo de concentración de Gurs en homenaje a los judíos franceses perseguidos, deportados y asesinados por el régimen de Vichy y las fuerzas de ocupación alemanas. Destacable fue la intervención de Laurence Mazza-Poutet, representante de la Comunidad Judía de Pau, así como las oraciones recitadas por un rabino en el Cementerio Israelita de Gurs, ante más de un millar de tumbas de hermanos judíos que allí reposan.
Entre la emoción y el recuerdo de la Shoah, del Holocausto, también me volví a encontrar con algunos de los asistentes el día anterior a los actos de Buziet, como Carmen Villalba, que estuvo 27 meses presa en Gurs entre 1941-1943 y que, al salir del campo, a sus 31 años, sólo pesaba 35 kilos. También pude conocer a Virgilio Peña, veterano militante comunista que, con 95 años, mantiene una admirable vitalidad y lucidez. Natural de Espejo (Córdoba), combatiente del Ejército Republicano, miembro de la Resistencia en Francia, fue apresado en 1943 y enviado al campo de exterminio nazi de Buchenwald, al cual sobrevivió: no tuvo tanta suerte su hermano que murió en Mauthausen. Conocí también a Béatrice García, pariente de Adrián García Ramos, un histórico dirigente del PSOE en el exilio, y responsable de la asociación Mémoire de l’Espagne Républicaine. Las conversaciones con todos ellos giraban siempre en torno a los mismos temas: la necesidad de recuperar el legado del exilio republicano y la aspiración futura al advenimiento de la III República. No faltaron tampoco las críticas a la Ley de la Memoria Histórica por sus evidentes carencias y limitaciones.
El encuentro con resistentes franceses, veteranos republicanos españoles y la comunidad judía me reafirmó en la importancia de mantener siempre viva la memoria histórica como garante de los valores civiles y baluarte contra los que, siempre desde la derecha, pretenden silenciar y manipular determinadas páginas de nuestra historia. Por ello, los actos de Buziet y Gurs fueron toda una lección de ejercicio cívico de la memoria histórica, todo un ejemplo para los que creemos que, como decía Sixto Agudo, “hay que olvidar el rencor, pero no la Historia”.
JOSE RAMON VILLANUEVA
(Diario de Teruel, 10 agosto 2008)
(La Comarca, 15 agosto 2008)

viernes, 15 de agosto de 2008

EL CRONISTA DE LA RED

Ver : www.aragoneria.com/cronista/

Hay un montón de múmeros, variada, un poco de todo : poesía, artículos, comentarios, fotos, dibujos, cuentos, etc.



Ver : www.aragoneria.com/cronista/

lunes, 14 de julio de 2008

CORMAC McCARTHY : LA CARRETERA









Nuevamente, lecturas fáciles, estas han sido las de mis primeras vacaciones:
Otra vez Cormac McCarthy "La carretera" por favor leer la novela antes de ver la película
Manuel Vilas, cualquier cosa de las publicadas.... : Calor ... Resurrección... da igual, realmente
bueno.
... volviendo a la carretera ... he estado varios días asustada ... por culpa de la novela y he vuelto ha recordar que de pequeña, de adolescente ... el miedo me atenaza la garganta recordando sueños de destrucción y desolación... algo acababa con el mundo y yo me quedaba sola buscando algún conocido a mi alrededor, no quedaba nada. Hace mucho tiempo que no tengo esos sueños, debe ser porque llega un momento en el asumes que realmente estás solo en el mundo. La película puede ser de infarto. Con la lectura de sus novelas, todo cobra vida, los personajes, los paisajes, las situaciones. Todo se coloca en tu retina como si fuese una película y no una novela; como si fuera la realidad ... como si fueras a despertar y todo estuviese ahí : la desolación, la ceniza, el silencio, la nada, sin sol, sin luna, sin nada de nada.



Ahora paseando por el campo, de vez en cuando, me vienen a la mente partes de la novela, sobre todo, los árboles muertos, calcinados, ... y me doy cuenta de lo felices que somos, por tantas cosas que tenemos al lado y no nos damos cuenta, -ya sé que es un tópico- pero yo disfruto con el olor a musgo, del perfume de la humedad, de las azucenas silvestres, ya marchitas, de los saucos florenciendo,
de los abetos que se levantan altivos, admiro la oscuridad que nos dan las hayas a pleno sol, del frescor de las fresas silvestres en mi boca, ...
hoy estamos aquí ... mañana no sé lo que será ... pero el día de hoy es muy hermoso como para malgastarlo en comentarios inútiles.

... El Vilas, me parece estupendo ... te sitúa en el mundo... en el día a día ... te lleva con su mala leche a las cosas cercanas, te acerca de vez en cuando a tu propio pasado, simplemente estupendo... y poco que ver con lo anterior ...

... Albert Sánchez Piñol : la piel fría . Hasta el fín del mund
o con las sirenas.

lunes, 7 de julio de 2008

ANTONIO MACHADO

Viaje : Gerona -Pals, Peratallada, Medas, Cadaqués, Llafranc, Calella, etc., y Francia : San Genis de las Fontaines, Colliure,etc. Colliure está hermada con Soria.

Hemos estado en Colliure ..... vamos a visitar la tumba de Machado. Antes se iba de Romería
al pueblo de al lado o más bien a la ermita más famosa de la zona, para pedir agua, un novio, buenas cosechas, que se cure mi padre, etc. Yo he ido de pequeña debajo de los pendones, de romería en romería, al lado de mis padres, mis tías, abuelos y el macho que cargaba a ratos con nosotros, pero generalmente íbamos a pie.
Los preparativos era emocionantes : mantas, comida en abundancia, ropa nueva, etc., y andar varios kilómetros a pie, no sabíamos muy bien hacia donde ibamos, nadie nos daba demasiadas explicaciones. A la llegada siempre había algun dulce, las garrochillas de caramelo, mucha gente, besos a desconocidos.
Yo todavía recuerdo la primera vez que entré en la virgen de mi pueblo, casi me muero de miedo al entrar en la Iglesia. Por las paredes colgaban, lazos, flores, piernas, brazos, dedos, niños, manos, etc. de cera blanquecina, que a mi me parecían de verdad por el efecto de la falta de luz. Todavía los recuerdo, están grabados en mi retina. No entendías las razones, ¿que hacían ahí esos huesos?, ¿eran de verdad?. No te quedaban ganas de preguntar nada . Las primeras salidas de mi casa fueron para eso, para ir de romería.


Y ahora hacemos lo mismo , vamos de un lado a otro por las razones más peregrinas. Pero a lo que nos atañe, Machado siempre ha estado presente en mi vida,
como las romerías. De pequeña me leían la leyenda de la laguna negra y cuando la vísité, ya adolescente, todavía tenía el miedo metido en el cuerpo. Después, años más tarde, los campos de castilla me producían pasmo, dolor y sorpresa, como a Machado, siempre me he preguntado que cómo puede alguien expresar tantas cosas en dos versos de manera tan certera, tan simple, tan sencilla.


Y los dos nos marchamos y ni Machado ni yo quisimos volver nunca.



Más tarde Juan de Mairea me acompañó en las dudas de la adolescencia, Machado era un hombre bueno y mis padres también lo fueron, la Filosofía me parecía demasiado abstracta para mi pequeño mundo mezquino y Juan de Mairena me ayudo a lidiar fieras y tener respuestas.

Finalmente la última sorpresa fueron las cartas a Pilar de Valderrama , me producen una envidia infinita, a la vez que dan esperanza para el futuro ..., pero siempre vuelvo a los Campos de Castilla, siempre vuelvo al Machado Soriano.

Estoy contenta de visitar su tumba, no tiene sentido, ni razón, ni contenido, si siquiera sé porqué. Creo que es un símbolo, un deber, una deuda impagable, un tributo a todas esas personas que pasaron al otro lado de la frontera despues de la Guerra Civil, dejándo atrás sus casas, sin saber si volverían un día, sin futuro, con el dolor en el corazón, con las manos vacias, sin esperanza, sin mañana.

Es una oración, una piedra en el camino, como cuando en los caminos de las romerías tirábamos una piedra.En el camino, como hacen en otras culturas, había sitios con montones de piedras en forma de pirámides, al pasar se tiraba una piedra como recuerdo a los muertos. A mi abuela, que murió joven y cansada, aunque no en el exilio, pero sí en su exilio interior, le faltó recorrrer un camino de varios kilómetros hasta la virgen de su pueblo, prometió ir descalza, pero nunca pudo cumplirlo, mi madre lo comentaba, pero creo que a ella le faltó la fé suficiente para andar tantos kilómetros descalza, aunque nunca le faltaron las fuerzas, estoy segura.

Libros : Las rutas del exilio de Marc Ripol, Machado por supuesto y Josep Plá y "El cuaderno Gris" que nos hacen comprender el paisaje y pasisaje de Gerona mucho más de Dalí y sus amigos.

domingo, 22 de junio de 2008

LOS ZAPATITOS DE DAMA




21 de junio de 2008

Las flores de "zapatitos de dama" todavía están en pie, satisfechas, esperando nuestra admiración. Esta primavera tan lluviosa alargó la floración más que otros años. Sólo cabe disfrutarlas, aunque sea en foto.

Las golondrinas y los aviones planean en lo alto, han vuelto, parecía imposible, a veces, yo creía que el verano había pasado, que íbamos corriendo hacia el invierno. Pero el verano ha llegado, se ha instalado de un día para otro, en la fecha propicia, el día 21. Las nubes inflamadas van altas, como globos que se hinchan y desinchan. Están cortando la hierba. No lloverá, ni siquiera habrá tormenta, a pesar del calor, la pesadez y la humedad del ambiente.
Han vuelto los sumideros a sacar agua a borbotones, como hace tiempo, es como volver a la normalidad, da tranquilidad y reposo. Los saúcos están en plena floración, con el calor sus flores caerán como la nieve sobre los prados. Los escaramujos también están en flor, las orquídeas, los dragoncillos, las violetas, calderones, la fritilaria, el zapatito de dama, las gencianas, los azuletes, la maneta de gato y a punto los gamones, las orejas de oso, la corona de rey y por no machacar las crestas de gallo están en su mejor momento.
Me gusta la abundancia de la naturaleza, el olor de la hierba cortada, las culebras saldrán corriendo zizagueando, y yo soñaré con serpientes, como cuando era pequeña y tenía pesadillas con ellas y despertaba llorando. Para evitar las víboras, que yo las imaginaba del tamaño de los burros, aunque un poco más pequeñas, pero enormes para mi infancia, bueno, para evitarlas, debía correr en zizzag, acaba cansadísima y con la llorera de siempre. Siempre deseé o he deseado soñar y no sé si lo soñé, que mientras yo hacia la curva la víbora me adelantaba y se perdia en la distancia. Con el tiempo se van perdiendo muchas cosas, hasta el miedo a las víboras.

Suena el reloj, las campanas dan las horas y a lo lejos con unos minutos de diferencia se repiten las mismas tonadas. Es como un personaje más de mi vida, me levantaba antaño en los veranos a las nueve treinta, por el repiqueteo constante y yo corría porque llegaba tarde para abrir la puerta. Ahora marca los cuartos y las medias en mis insomnios. Y antaño, en medio de la noche, cuando hacia mucho frio, con la casa helada se hacía de rogar, mientras esperabas para saber la hora que era, contando las campanas, comprobando con la segunda tonada. Las campanas nos acompañan como lo hace el cuco en abril, el agua del río traviesa en mayo, la frescura del atardecer en la primavera, cuando el sol se esconde. A la misma hora al final del verano, un sol tenúe, nos arropa, el cielo toma un color especial y sabemos que se acaba el verano. Y el sol alarga las sombras por todas partes sin que se pueda alargar el buen tiempo mucho más. En mi pueblo las campanas, son como el sol, el agua, el verano, siempre llegan, siempre tañen, a veces estan alegres y otras tristes, pero siempre suenan, aunque sea para acompañar a los muertos a su última morada, a la tierra blanda y cálida.

domingo, 15 de junio de 2008

LA EXPO DE ZARAGOZA



LA EXPO 2008 DE ZARAGOZA YA HA COMENZADO,
EL MUNDO ESTA AQUI, A LAS ORILLAS DEL EBRO

lunes, 9 de junio de 2008

La Bolsa de Bielsa : "Subiré al Puerto Viejo y cantaré una canción"


Dedicado a " el abuelo"

Estamos en Bielsa, hace un poco de frío, van a pasar una película sobre la "Bolsa de Bielsa", ese episodio fatídico de la Guerra Civil española, hay cantidad de gente, hasta la barrera, nos acomodamos como podemos al final de la sala. Después de las presentaciones pasamos a ver una película de la tva sobre el paso a Francia de los habitantes que quedaban en 1938 en la zona republicana denominada como "Bolsa de Bielsa", espacio que se sitúa en Bielsa y alrededores. Las condiciones fueron durísimas : la población civil pasó por unas montañas nevadas en abril, hasta superar 2439 metros -luego os contaré como nos fue a nosotros en junio-, la mayoría de las personas eran enfermas, niños y mujeres, personas desnutridas por las penurias de la guerra, por el dolor de dejar todo lo que tienes en este mundo y partir hacia no se sabe donde, hacia el vacio de la nada, con las manos vacías o a lo sumo con los paraguas, un saco lleno de ropa y tus tesoros más preciados en una maleta de mimbre. Varias de las personas que vivieron la situación "in situ" cuentan en la película sus recuerdos. A lo largo del fín de semana, varias de ellos también se convierten en el objeto y admiración de los que asistentes a las Jornadas que se celebran en su recuerdo.

Mi primer contacto con la Bolsa de Bielsa, se produce por el interesante libro de fotografías que en 1991 publicó la Diputación de Huesca, hasta ese momento, a pesar de haber leído muchas cosas sobre la Guerra Civil, sobre esa guerra de la que nadie hablaba, me era desconocido el drama. El segundo contacto es más directo, un abuelo de Biescas, participe de la 43 División y exiliado en Francia hasta los años ochenta, nos contó en primera persona los episodios vividos, y nada impresiona más que los testimonios directos, como los que se relatan en la película.

Muchas veces, reviso el libro, paso las páginas y observo las caras de los rostros fotografiados : algunos de ellos sonríen a la cámara -quizá ya habían llegado a Francia-, mujer mayor apoyada en las piedras sosteniendose el cansancio, con los rasgos endurecidos por la vida, otras con los niños a la espalda, otros sorteando el hielo bajo las zapatillas de esparto, etc. Y siempre me duele adentro, muy hondo, el dolor de dejar atrás tus cosas, el miedo al futuro, al que será de nosotros? y siempre, siempre me acuerdo de todas las personas que sufren llevando su memoria de un lado para otro, abandonando sus casas, sus muertos, los olores de la infancia, los recuerdos de juventud y a veces para mucho y otras para nada. Ha cambiado nuestro pequeño mundo, pero esto sigue ocurriendo en tanto sitios, que uno puede alejar la pena y la rabia.

Pero volvamos a nuestra subida al puerto, que sin tanta nieve, sin tantos sinsabores se hacía pesada a partir de la hora y media, y la cima estaba tan cerca y a la vez tan lejos. Yo me animaba al recordar que podría ser peor, que podría tener que llevar todo un montón de peso encima y unos zapatitos de madama, como la mujer que acompañada de su hija, que a su vez sostine una muñeca, sonríe al llegar a Francia, con sus medias blancas del último carnaval que jamás volverá a disfrutar. Así conseguí llegar a la cima, más fresca que nunca, recordando al abuelo y pensando que su dolor y una vida de sinsabores sirvió para que nosotros ahora vivamos muchísimo mejor.

Y no se podía pasar a Arreau, en pleno mes de junio había hielo, la nieve estaba amontonada, desfilaba en pendiente, no había resto del camino. En fín había que volver, ahora podemos decidir hacia donde vamos, antiguamente sólo había una dirección, el éxilio. En fín después de colocar la placa, echar los discursos oportunos y fotografiarnos todos juntos fuimos bajando hasta el valle y nos despedimos hasta el año que viene a ver si podemos pasar.

La primera vez que visité Bielsa, su arquitectura no me pareció tan notoria como la de otros valles, ahora sé la razón, pero todo no se perdió en la guerra, sus habitantes volvieron y fueron capaces de reconstruir sus casas. Y conservan la tradición más importante "el carnaval", la mejor manifestación cultural que yo he visto (con los navarros , con los que guarda una clara relación). Pero esta es otra historia .....